Un estudio de la Fed y Brookings desmiente que la IA reduzca el déficit de EEUU en 2,2 billones
El documento cuestiona una de las grandes promesas económicas de la inteligencia artificial mientras el Nasdaq acumula máximos y crecen las dudas sobre la burbuja
Un jarro de agua fría a la gran promesa de la IA
La inteligencia artificial iba a arreglar las cuentas públicas de la mayor economía del mundo. O eso prometía uno de los argumentos más repetidos por sus defensores. Un nuevo documento de trabajo elaborado por economistas de la Brookings Institution y la Reserva Federal ha desmontado esa expectativa: según recoge Estrategias de Inversión, el estudio desmiente que la IA vaya a reducir el déficit estadounidense en 2,2 billones de dólares de aquí a 2036.
El hallazgo tiene calado porque ataca una de las justificaciones macroeconómicas más ambiciosas del actual ciclo inversor. La idea de que las ganancias de productividad derivadas de la automatización compensarían el agujero fiscal servía de coartada a quienes defienden que el gasto masivo en IA se paga solo. El trabajo académico sugiere que esa aritmética no se sostiene.
El contexto: un Nasdaq en máximos y dudas crecientes
El estudio aterriza en un momento delicado para el sector. El índice tecnológico Nasdaq no ha dejado de subir desde el final de la pandemia, pasando de los 7.500 puntos hasta rozar los 29.800 puntos actuales, según los datos citados por la misma fuente. La inversión en compañías tecnológicas ha entrado, en palabras de los analistas, en una encrucijada de la que es difícil sustraerse.
El debate sobre una posible burbuja de la inteligencia artificial ha ganado intensidad. Instituciones como el Banco de Pagos Internacionales han advertido en los últimos meses del riesgo de un ajuste prolongado si las expectativas de rentabilidad no se materializan. La cuestión de fondo es si las colosales inversiones en centros de datos, chips y modelos se traducirán realmente en beneficios y márgenes, o si el mercado ha corrido por delante de la realidad.
La prueba de fuego: los resultados empresariales
La respuesta empezará a llegar en cuestión de días. La temporada de resultados del primer semestre en Estados Unidos, que arranca en julio, será el examen decisivo. Los analistas prevén un crecimiento del beneficio por acción del S&P 500 superior al 23 % interanual en el segundo trimestre, una cifra elevada que deja poco margen para la decepción.
Como advierten desde XTB, el mercado necesitará comprobar que las enormes inversiones en inteligencia artificial siguen traduciéndose en mayores ingresos, beneficios y, sobre todo, márgenes empresariales. Cualquier señal de que el retorno tarda en llegar podría desencadenar correcciones en unas valoraciones tecnológicas que cotizan en niveles exigentes.
Un aviso que trasciende Estados Unidos
El episodio interesa también al inversor y al contribuyente europeo. La narrativa de la IA como panacea económica ha impulsado buena parte del rally bursátil global de los últimos dos años, incluido el del propio Ibex 35. Si la promesa de que la tecnología resolvería desequilibrios estructurales como el déficit público se revela exagerada, el mercado tendrá que reevaluar cuánto de la subida responde a beneficios tangibles y cuánto a la expectativa.
Entre la revolución real y el exceso de expectativas
Ningún experto niega el potencial transformador de la inteligencia artificial. Lo que este estudio pone sobre la mesa es una distinción crucial para cualquier decisión de inversión: una cosa es que la tecnología cambie la economía y otra, muy distinta, que cumpla las cifras concretas que se le atribuyen en informes optimistas. En un entorno de bolsas en máximos y tipos al alza, separar la revolución auténtica del exceso de expectativas se ha convertido en la tarea más rentable, y más difícil, del momento.