Estados Unidos y Japón intervienen juntos para frenar el desplome histórico del yen, algo que Washington no hacía desde hace casi 30 años
El Tesoro estadounidense vende dólares para comprar yenes por primera vez desde 2011, mientras Japón se desprende de bonos del Tesoro para sostener su divisa, disparando la rentabilidad de la deuda estadounidense a máximos de casi dos décadas.
Una intervención conjunta poco habitual
Entre el 30 de julio y el 1 de agosto se produjo un episodio inusual en el mercado de divisas: tras varias jornadas de compras masivas de yenes por parte de las autoridades japonesas, el Tesoro de Estados Unidos intervino de forma directa vendiendo dólares para comprar la divisa nipona a través de la Reserva Federal de Nueva York, según confirmó la propia institución. El importe de la operación se movió, según fuentes conocedoras del asunto, entre 5.000 y 10.000 millones de dólares. Se trata de la primera vez en casi tres décadas que Washington y Tokio respaldan conjuntamente al yen mediante compras directas de divisas, y de la primera intervención direccional de Estados Unidos sobre la moneda japonesa desde 2011, cuando el G7 actuó de forma coordinada tras el terremoto y el tsunami que devastaron Japón.
El yen había llegado a cotizar en mínimos de cuarenta años frente al dólar, antes de que la intervención lo llevara a apreciarse con fuerza, hasta situarse en torno a las 157-160 unidades por dólar, frente a los cerca de 164 yenes de los días previos. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, mantuvo una comunicación estrecha con el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, subrayando la estrecha coordinación entre ambos países.
El efecto colateral: la deuda estadounidense se resiente
Para sostener su propia divisa, Japón —el mayor tenedor mundial de bonos del Tesoro de Estados Unidos— se ha visto obligado a vender parte de sus reservas en deuda estadounidense, lo que ha presionado a la baja el precio de esos bonos y al alza su rentabilidad. El rendimiento del bono a diez años llegó a escalar más de nueve puntos básicos, hasta el 4,735%, su nivel más alto desde 2023, mientras que el bono a treinta años superó el 5,2%, su cota más elevada desde 2007. El economista Robin Brooks, de la Brookings Institution, advirtió de que Japón vende bonos del Tesoro para conseguir los dólares que después destina a comprar yenes, con la esperanza de frenar la caída de su divisa.
Ondas de choque en otros mercados
La volatilidad generada por la intervención se dejó sentir incluso en el mercado de criptomonedas: el bitcoin llegó a caer por debajo de los 63.000 dólares, un descenso superior al 1% en 24 horas, coincidiendo con la noticia de la operación conjunta entre Washington y Tokio. Analistas de mercado señalan que, si la presión sobre el yen no remite, Japón podría verse obligado a liquidar una porción todavía mayor de sus tenencias en deuda estadounidense, lo que complicaría aún más los esfuerzos del Tesoro de EE. UU. por controlar sus costes de financiación en un momento de elevado déficit presupuestario.